lunes, 3 de agosto de 2020


 

…la colostomía no era un obstáculo para hacer lo que más me gusta que es trabajar con niños.

María M. Cuenca

Hola, soy María Morante y me diagnosticaron cáncer de recto el 18 de marzo de 2015 a mis 21 años.

Desde el primer momento lo afronté con positividad, lucha y fuerza. Intentando llevar a cabo los consejos de mis médicos y siendo lo más estricta posible para favorecer mi cura.

Los tratamientos empezaron rápido, con quimioterapia y radioterapia, durante 28 días, esa etapa fue muy importante para que el tumor se redujera y tuviera el menor tamaño posible. Este se hizo más pequeño, pero no hubo solución para salvar mi recto, por lo que en oncología me dieron la noticia de que tendrían que hacerme una colostomía permanente. En ese momento se me vino el mundo encima, después de la quimio y la radioterapia, mis buenos hábitos, mi fuerza y positividad y ver que mi tumor había reducido; no había solución. O eso pensaba. La solución era la colostomía, que he de reconocer que en un primer momento no era de mi agrado, pues pensaba que mi vida iba a cambiar, que no podría hacer las mismas actividades, que siempre necesitaría la ayuda de alguien, y eso para una persona tan independiente como yo suponía una limitación muy grande.

Esa misma tarde tras la noticia estaba muy triste, pero hubo quien supo cómo animarme y darme la fuerza necesaria, que pensaba que se me había acabado, para afrontar este nuevo paso. Cuando llegue a mi pueblo, Villamayor de Santiago, una sorpresa me esperaba en las pistas de futbol 7. El futbol siempre ha sido mi pasión y mi equipo, amigos y familiares, organizaron un partido para animarme; y lo consiguieron. Todo era perfecto y el partido comenzó, este era el partido más importante, el partido que siempre recordaré porque además de ser una sorpresa increíble fue aún más especial por la mañana que pase en hospital. Me recordó que igual que se lucha en un partido de futbol debía luchar por mi enfermedad y afrontarla para conseguirlo, porque luchando siempre se gana.

Desde ese día todos los días pensaba en la bolsa y no sabía cómo iba afrontarla, me fui haciendo a la idea poco a poco hasta el día de la operación. El día 24 julio de 2015 llegó con muchísima fuerza, me enfrenté a mi operación. Ahí conmigo estaban todos, mis familiares y amigos apoyándome y dándome toda la energía positiva, la gente que siempre me deseó lo mejor y mis ganas de vivir y superarlo.

Después de ocho horas de operación que no recuerdo, me desperté en la UVI, no tenía fuerza ni para abrir los ojos, pero todo había salido bien, y ahí estaban mis padres, mi mayor apoyo, quienes lucharon conmigo en todo momento, a mi lado siempre. También estaban ellas; mis amigas que me hicieron temblar de emoción al entrar por la puerta con un ramo de flores. Recibí un montón de visitas que me animaban y alegraban, todos los días estaba la habitación llena de gente, y para mí este era el mejor regalo, estar con la gente que quiero.

Tal vez esto fue lo que me dio fuerza y me acerco más a la superación.

Tengo que dar las gracias a esas maravillosas enfermeras de la primera B, para mí fueron ángeles, que me curaba cada día mis cicatrices con todo su cariño y me cambiaban la bolsa. Ana la supervisora de enfermeras una de las personas que más me ha ayudado con la colostomía, me enseñó como tenía que cambiarme yo sola, a recortar, a limpiarme, en definitiva a ser más independiente.

Después de 23 días en el hospital me dieron el alta, por fin volvía a casa, el día comenzó perfecto, y la vuelta a casa fue genial, pues allí me esperaban un montón de visitas de personas muy importantes para mí.

Al principio cuando estaba en casa y me tenía que cambiar la bolsa lo hacía con ayuda de mi madre, también me tenía que ayudar a vestirme, a ducharme, era totalmente dependiente de ella y lo pase muy mal. Miraba la colostomía y lloraba, sin saber por qué, solo sentía que no quería llevarla. No entendía por qué me había tocado a mí llevar una bolsa en la tripa. Los días pasaban muy lentos. Hasta que llegó el día que por fin me pude sentar, después de la operación solo podía estar tumbada o de pie, a partir de ahí todo fue a mejor, comencé a salir con mis amigas, me iba acostumbrando a llevar la colostomía, a hacer mi vida con normalidad, la colostomía ya formaba parte de mí, me recuperaba cada vez más deprisa todo iba a mejor. Hasta que empezamos otra vez con la quimio, me solía pasar en cama de 5 a 7 días, me dejaba agotada, pero cuando me recuperaba volvía con más fuerza, en mis días de descanso, aprovechaba todos los minutos que podía, cada 21 me volvían a dar la quimio, 6 sesiones fueron suficientes para que todo desapareciera. El 25 de enero de 2016, me disponía a darme otra sesión, pero mi oncóloga me dio la noticia de que se terminó, ya no habría más quimioterapia, ni pastillas, nada. Me había curado.

Esa sensación tan buena es indescriptible, tienes ganas de reír, de llorar, de abrazar, de VIVIR y que desapareciera el miedo que el cáncer pone en tu piel, yo había ganado la batalla, yo soy una guerrera.

Después de aquel día todo empezó a ir a mejor incluso con la colostomía, ya la tenía totalmente aceptada. He ido a la piscina, he ido a la playa, a todos los sitios donde he ido he enseñado mi bolsa con orgullo, porque gracias a ella sigo viviendo, incluso hacia más cosas que antes porque creo que he aprendido a vivir más y mejor cada momento. Ese verano de 2016, fui a un campamento de monitora de niños, con la asociación de APACU, (ASOCIACION PROVINCIAL AUTISMO DE CUENCA), gracias a ella me volví a sentir realizada de nuevo, viví una experiencia increíble, viendo que la colostomía no era un obstáculo para hacer lo que más me gusta que es trabajar con niños, y rodeada de gente maravillosa que me ayudaron en todo lo que podían.

Tengo que darle las gracias a la doctora Pilar Redondo, por apoyarme desde principio hasta ahora, gracias a ella que siempre ha tenido un hueco para verme y darme cariño, por aconsejarme y subirme el ánimo.

A toda la gente que pasa por una enfermedad así, por un momento de bajón, a todos los que se vean por un sentimiento u otro identificados, a los que tendrán que pasar por un quirófano para llevar una colostomía, a los que la llevan y no lo aceptan, les mando mi mejor medicina FUERZA,

toda la fuerza del mundo, que al final todo se supera, y la vida sigue a mejor, porque nosotros somos vida.

Yo llevo bolsa, yo tengo una colostomía, y yo estoy orgullosa de ello, porque ahora me conozco mejor, se de lo que soy capaz y he aprendido a vivir y valorar la vida, he crecido y me he superado como persona. He retomado mis estudios, soy totalmente independiente, y me he propuesto nuevas metas que cumplo, y cumpliré siempre fuerte y con una sonrisa.
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