lunes, 3 de agosto de 2020


... Aquel día en que ella me puso la séptima bolsa empecé a aceptar aquellas «bragas de color caramelo» y los grandes cambios que se habían producido en mi vida....

Mere

GANAS DE VIVIR

            Te voy a contar cómo empezó mi calvario.

Fue en el 2014, en una excursión a Portugal. Íbamos ciento diez jubilados. Salimos del pueblo a las siete de la mañana. Ya en Portugal, tocaba hacer la primera parada. Se me escaparon las heces en un autoservicio. Como yo no esperaba tal cosa, te puedes imaginar cómo lo pasé al subir al autobús. Las siguientes 3 paradas establecidas del viaje las pasé buscando aseos ¡Qué viaje más amargo!

Acudo a mi médica de cabecera el día 7 de septiembre del 2014 y me dan cita con el especialista del aparato digestivo para el 19 de enero del 2015. El médico me pide una colonoscopia y con los resultados me informa de que me tienen que operar, pero que me van a hacer más pruebas para saber cómo va a ser la operación. Sobre el 24 de abril me indican que vaya al Clínico a ver al cirujano. Me presento allí y me dice que él es el cirujano que me va a operar.

―Perdone ―le digo―. Estoy esperando para que me hagan pruebas.

―Se las voy a hacer yo, que soy quien la va a operar ―me dijo el Dr. Ferreras.

Tras dos meses de pruebas y esperando lo peor, me acompañó mi marido a ver al médico. Nada más entrar nosotros, se levantó el Dr. Ferreras y se sentó junto a mí, me agarró las manos y me dijo:

―Siento decirte que tienes un cáncer y que te tenemos que operar rápidamente.

Me derrumbé. Después de unos minutos me dijo:

―Lo hemos detectado a tiempo y te vamos a operar rápidamente.

―Pero, ¿cuándo? ―le pregunté.

― En junio.

― Pero si tengo clase…

― Pues cuando acabes.

― Pero si tengo ya billete para ir al Corpus a Toledo…

― Pues cuando vuelvas. Ya estaremos en contacto.

― ¿Pero me vais a dar quimio?

― No, pero te tenemos que poner la bolsa para toda la vida.

― Pero tengo 79 años. Podría ser tu madre. ¿Tú la operarías?

― Sí. Te vamos a dar calidad de vida.

― Pues entonces, adelante.

Confié en él y desde aquel día yo lo llamo por su nombre de pila, Carlos. Me dijo que lo llamara cuando quisiera y me dio un teléfono de contacto. Ya no sé cuántas llamadas le he hecho, y siempre me atendía muy bien. También él me llamó muchas veces y siempre dándome ánimo.

―Te voy a dar buenas noticias. Te vamos a operar por partes, a ver si podemos operarte sin ponerte la bolsa. Pero estate tranquila, vete al pueblo y disfruta todo lo que puedas, que en octubre te operamos.

En los últimos días de julio me fui al pueblo. En el viaje me llaman del hospital:

―Tiene Ud. cita mañana a las once de la mañana.

―¿Para qué? ―le pregunté.

―Tiene Ud. los resultados de la biopsia.

―Perdone, pero ya me los han dado ―repliqué.

Volví a confiar en Carlos, pues era cierto que él fue quien pidió al laboratorio que le adelantaran los resultados.

El día 25 de noviembre de 2015 me operan y me quitan una porción del pólipo. A esperar los resultados. El 14 de enero me dicen que tienen que seguir quitando, que, al ser tan grande, tienen que ir poco a poco. El 15 de marzo de 2016 me llaman para ingresar, toda la mañana en el Clínico. Cuando estábamos comiendo, vuelven a llamar para decir que ya no me operan. ¡Vaya panorama y sin saber por qué! A la mañana siguiente, fui otra vez al Clínico a ver quién tenía que darme explicaciones. Fui a Ingresos y a Atención al paciente. Nadie me aclaraba nada. De allí fuimos a la tercera planta sur. Allí estaba Montse. Le conté lo que me pasaba y me dijo que el Dr. Ferreras estaba en el quirófano y que, si esperaba un poco, lo llamaría para ver si me podía explicar por qué se había suspendido la operación. A la mañana siguiente, Carlos me confirmó que me operaban la siguiente semana. Así fue, pero mi hijo perdió seis días de sus vacaciones por culpa de no se sabe quién.

El día 22 de marzo ingreso para la segunda intervención y en seguida aparece el Dr. Ferreras y me explica por qué se ha retrasado la operación: él quería que me operara otro cirujano mediante otra técnica en la que éste tenía más experiencia, aunque él pensaba asistir igualmente a mi intervención, a lo que repliqué que mi deseo era que me operara él, pero que si él lo consideraba mejor para mí, lo aceptaba gustosamente. Por la tarde me visitó el Dr. Alejandro Romero, que era el cirujano aludido.

Confié también en el Dr. Romero, y siempre me ha tratado muy bien. Sigo acudiendo a su consulta y creo que será por muchos años, pues esto continúa su curso. Sin embargo, también mantengo el contacto con el Dr. Ferreras. Considero a ambos grandes especialistas, dos de los muchos con que, por fortuna, contamos en España, dicho sea de paso.

  En esa segunda operación, me retiran aproximadamente la mitad del pólipo, y el resultado que me dan después sigue siendo malo. Me dicen que me tendrían que hacer otras dos operaciones y no me aseguran nada, que, como el tumor es tan grande, posiblemente se me escaparían las heces y tendría que llevar pañal toda la vida. Cerré los ojos y dije:

―Esto que me tienen que hacer ya me lo dijeron hace un año, así que pónganme la bolsa, que ya sé yo que va a ser duro, pero adelante. Ya tengo ochenta años.

El día 21 de julio de 2016 fue mi tercera intervención en ocho meses. Fue muy dura, como sabéis todos los que habéis tenido que pasar por estas operaciones. Estuve ingresada nueve días. El día que me dieron el alta, como todos los días, tuve un escape de la bolsa. Llamé para que me la cambiaran y me dijeron que ellas ya no tenían que cambiarme porque ya me habían dado el alta y lo tenía que hacer yo sola. Le hablé mal y le dije:

―¿Cómo lo voy a hacer si no he podido ni me habéis enseñado a hacerlo?

Yo me iba a casa, en principio, sin ninguna explicación ni de papeles ni de nada. Serían aproximadamente las cinco de la tarde cuando veo pasar a Montse, mi ángel de la guarda. Para mí, una profesional; tiene todas las cualidades para el puesto que ocupa; una persona humana y sencilla que te escucha, te explica y te aconseja y vive su profesión. Gracias a ella yo ya sabía lo que antes nadie me había explicado y ella fue quien me ayudó también en esa ocasión.

Me fui a la residencia de ancianos Cardenal Marcelo de Valladolid para poderme recuperar. Fue duro, pero viví toda una experiencia. Conocí cómo se vive en una residencia y asistí a todo lo que mi situación me permitía. Me trataron como si fuera una reina, empezando por el director, la asistente social, M.ª José, Macu, mi querida Fani y todas las enfermeras y auxiliares. A todos les doy las gracias por lo bien que me trataron. Aún quedan personas que viven su profesión.

Desde que me operaron de ostomía, me han cambiado de modelo de bolsa siete veces. Al principio se me arrancaban de cuajo. ¡Qué seis meses más amargos! Por fin el 19 de enero del 2017 me tocaba revisión. Me atendió Marta, porque Montse estaba de baja. Cuando llegué al Clínico, ya estaba sucia, se me había escapado una vez más, y yo allí, en la sala y llena de vergüenza, esperando a que me llamaran. Después de un rato, que se me hizo interminable, tuve la suerte de que pasara por allí Carlos, mi primer cirujano. Le conté lo que me ocurría, acudió al control y en seguida apareció Marta para atenderme ¡Qué mañana más negra! Al quitarme la bolsa, me derrumbé. Aquello fue horrible. ¡Cuánto podría echar fuera y cómo lo puse todo! Yo lloraba de vergüenza y de impotencia, sin poder hacer nada. Nunca olvidaré con qué cariño me atendió Marta, y desde aquí quiero agradecerle su apoyo y sus besos aquel día, 19 de enero, para mí una fecha muy señalada, pues hubiera sido el cumpleaños de mi padre. Aquel día en que ella me puso la séptima bolsa empecé a aceptar aquellas «bragas de color caramelo» y los grandes cambios que se habían producido en mi vida.

El fin de semana del 28 y el 29 de abril pasado se celebró en Valladolid el I Congreso de Personas con Cáncer y Familiares de Castilla y León. Fue muy positivo. Nos conocimos muchas personas que sufrimos esta terrible enfermedad, escuchamos testimonios desgarradores que nos ayudaron a entender que lo nuestro no era nada comparado con lo que otros habían pasado y a aceptar mejor nuestros problemas.

Gracias a Dios, ya lo llevo mejor, aunque el problema está conmigo, dondequiera que vaya. Yo tengo ochenta y un años, he pasado trece veces por el quirófano y procuro llenar mi vida con cosas positivas y compartir lo positivo.

   Hemos formado un grupo de los operados de ostomía. Si tú tienes este problema, te animo a que vengas a compartir con nosotros lo que quieras. Que no te dé vergüenza, que nosotros te vamos a entender mejor que quienes te rodean.

El día 21 de julio hizo un año de mi última intervención. El día 10 de ese mes pasé mi «ITV» particular. En octubre me tendrán que repetir las pruebas, que, espero, sean buenas, y así pueda seguir viviendo el día a día. Debido a mi forma de ser, cada día tengo más amistades y conocidos. Si te puedo ayudar, cuenta con mi apoyo. Te esperamos.

  Mere Pedraza

 

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